La envidia también se disfraza de “humildad”
Por: Lina Díaz Vargas

¿Cuántas veces has bajado el volumen de tu imagen para no incomodar?
Hay una escena que he visto —y escuchado— más veces de las que quisiera.
Entra una mujer a una sala. Está bien vestida. Habla con seguridad. Sabe lo que le gusta. Pone límites. Se nota cómoda con ella misma.
Y, casi inmediatamente, alguien encuentra algo que decir:
“Se cree mucho.”“Le encanta llamar la atención.”“¿Y ella para dónde va tan arreglada?”
¿Te suena?
A mí sí.
Y creo que detrás de esos comentarios hay una conversación mucho más interesante que la ropa.

¿En qué momento confundimos humildad con hacernos pequeñas?
A muchas mujeres nos enseñaron, directa o indirectamente, una versión bastante extraña de la humildad.
Sé buena, pero no hables demasiado de lo buena que eres.
Arréglate, pero no demasiado.
Ten confianza, pero cuidado con parecer creída.
Destaca, pero tampoco llames tanto la atención.
En otras palabras: brilla, pero bajito. No vaya a ser que incomodes.
Y cuando escuchas ese mensaje suficientes veces, ya ni siquiera necesitas que alguien más te lo diga.
Empiezas a decírtelo tú.
A mí también me ha pasado
Mido 1,78 (no lo digo para presumir) y me encantan los tacones.
Y sí, todavía escucho comentarios como:
“¿Más alta todavía?”
O el clásico:
“Pareces una jirafa.”
Por cierto, ahora me parece casi un halago. ¿Han visto lo elegantes que son las jirafas? 😂
Pero no siempre me dio risa.
Hubo un momento en el que esos comentarios sí me afectaban. Hasta que entendí algo bastante irónico: esa misma altura que algunas personas señalaban como “demasiado” también me daba trabajo como modelo.
Y ahí cambia la conversación.
Porque muchas veces no dejamos de usar algo porque no nos guste.
Lo dejamos porque empezamos a pensar en cómo va a reaccionar alguien más.
“¿Este vestido será demasiado?”
“¿Ese labial será mucho?”
“¿Me estaré viendo demasiado arreglada?”
“¿Qué van a decir?”
Y terminas quitándote algo que sí te gustaba para sentir que incomodas un poquito menos.
Tu imagen no tiene que pedir disculpas

Estar bien vestida no te hace superficial.
Conocer los colores que funcionan para ti no te hace vanidosa.
Tener claro tu estilo no significa que estés obsesionada con tu apariencia.
Hablar con seguridad tampoco significa que te creas mejor que los demás.
Y saber que eres buena en lo que haces no te quita la humildad.
Para mí, aquí existe una diferencia enorme entre vestirte para llamar la atención a cualquier precio y permitirte ocupar el espacio que ya te corresponde sin sentir que tienes que disculparte por ello.
La parte incómoda: ¿qué es exactamente lo que te molesta?
Aquí es donde vale la pena mirarnos un poquito.
Porque no, cada vez que alguien critica a otra mujer significa automáticamente que le tenga envidia. Sería demasiado fácil reducirlo a eso.
Pero algunas veces vale la pena preguntarnos:
¿Me molesta realmente lo que ella está haciendo o me incomoda que ella se permita algo que yo todavía no me permito?
Que la miren.
Que se vista como quiere.
Que use ese color.
Que diga que es buena en su trabajo.
Que ponga límites.
Que disfrute lo que ha construido.
Que ocupe espacio sin pedir disculpas.
Porque criticarlo afuera puede ser mucho más fácil que preguntarnos por qué todavía nos cuesta permitirnos eso a nosotras mismas.
Por eso para mí la imagen nunca ha sido solamente ropa

Cuando trabajo la imagen de una mujer, claro que hablamos de estilo, color, proporciones y prendas.
Pero eso es solamente una parte.
También quiero saber:
¿Quién eres hoy?
¿Cómo quieres presentarte?
¿Cómo quieres ser percibida?
¿Qué quieres comunicar antes incluso de empezar a hablar?
Y hay otra pregunta que me parece todavía más importante:
¿Cuánto de tu imagen actual realmente eres tú y cuánto has ido apagando para evitar el “qué van a decir”?
Porque conocer tu estilo no debería darte otra lista de reglas que seguir.
Debería darte suficiente criterio para distinguir entre:
“Esto no me representa”
y
“Esto sí me representa, pero todavía me da miedo mostrarlo.”
Son dos cosas completamente diferentes.
Ser humilde no significa hacerte invisible
Puedes ser buena persona y saber que eres buena.
Puedes tener los pies en la tierra y verte espectacular.
Puedes tener problemas y amar tu vida.
Puedes disfrutar que te miren sin vivir para la aprobación de los demás.
Puedes ser humilde sin hacerte pequeña.
Así que la próxima vez que estés frente al espejo a punto de quitarte ese vestido, esos zapatos o ese labial que cinco minutos antes te encantaban, prueba cambiar la pregunta.
En lugar de:
“¿Será demasiado?”
pregúntate:
“¿Es demasiado para mí… o me preocupa ser demasiado para los demás?”
La respuesta puede decirte mucho más sobre tu imagen que cualquier regla de estilo.
Deja de vestirte para no incomodar.
Empieza a construir una imagen que se sienta como tú y que comunique quién eres hoy.
Si sientes que tu imagen todavía no representa a la mujer en la que te estás convirtiendo, hablemos.



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